Con motivo de Halloween publico este micro-relato, ilustrado con el dibujo ganador resultante de un pequeño concurso que convoqué en casa…

Dibujado por Paula Menelik

El casco cayó al suelo. Sus espuelas tintinearon en dirección a la cama.

Había sido un acierto contratar los servicios de aquella diminuta hada en su ausencia.

De espaldas, su hija dormía plácidamente. Zifar se sentó frente a ella y dejó caer la última pieza de su armadura. Sonrió con ternura al contemplar el reflejo de la luna en los dorados cabellos.

Permanecía tan llena de paz que parecía no respirar. Curioso. Parecía no respirar. Y el hada no estaba. Un escalofrío estremeció su cuerpo.

No respiraba.

Se levantó de un salto y se lanzó hacia el camastro. Apoyó su diestra en el menudo hombro. Estaba frío. Helado. El cuerpo viró hacia él. Un gran agujero, ensangrentado, ocupaba lo que antes había sido un angelical rostro.

El caballero retrocedió, tambaleándose. No entendía qué podía haber ocurrido. Todo le daba vueltas.

Entonces comprendió. El hada. Era un “hada de los dientes”. Últimamente pocos niños de la aldea habían perdido sus dientes. Estaba hambrienta, desesperada. No pudo resistirse a los de ella. Una vez empezó a devorarlos, no pudo parar y siguió, siguió…

Zifar se asomó al ventanal. Un sutil aleteo se escuchó alejándose.

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